Clarín: la “integración” de redacciones, una amenaza para los trabajadores

Jue 22 Mayo 2008 La dirección periodística del diario Clarín anunció hace un par de semanas que se encamina hacia una redefinición radical de su forma de producir noticias e información, basada en la "integración" de sus redacciones en soporte de papel y electrónico.
Según documentos de circulación interna, los dos pilares fundamentales del “nuevo Clarín” serán:
  • la extensión del funcionamiento de la redacción para que esté operativa "24 horas los siete días de la semana"
  • el desarrollo de “un perfil de redactores y editores multimedia, capaces de afrontar la producción para múltiples plataformas".
Dicho más sencillo, Clarín pretende una redacción sin límite horario y con trabajadores que, por el mismo salario, produzcan para el papel, Internet, celulares y lo que pinte. Que, además de redactar para distintos soportes, saquen, editen y “cuelguen” fotos; corten audio y video y sean capaces de subirlos a la red. Y, ya que estamos, que los protagonicen porque tenés linda voz viste… y no sabés lo bien que das en cámara.
La noticia generó preocupación entre los trabajadores y un espontáneo rechazo a lo que se vislumbra como un proyecto súper explotador: la asistencia de los periodistas a las charlas explicativas que organizó la empresa estuvo lejos de ser la esperada.
Los compañeros tienen razón cuando malician que nada bueno puede caer sobre ellos. Ni en los documentos de circulación interna ni en ningún otro medio, la empresa dijo que piense incorporar a un solo trabajador para afrontar el nuevo régimen.
Tampoco está planteado compensar la sobrecarga de tareas, tensiones y profundas alteraciones en las condiciones de trabajo que sufrirán los periodistas. Según el proyecto ahora tendrán que vivir en un estado de cierre permanente, o al menos de varios cierres, cuando estaban "acostumbrados" a un “sólo cierre diario”, como deplora uno de los materiales firmado por el secretario general de Redacción, Ricardo Kirschbaum.
Para la patronal, todo pasa por una cuestión de “costumbre” y “culturas”, por “aprender” y “desaprender”, eufemismos que encubren lo que está en juego: derechos laborales y condiciones de trabajo.
¿Cuántos turnos habilitará Clarín para el nuevo régimen de 24 horas continuas? ¿Los que realicen tareas nocturnas recibirán 3, 5 o 7 días adicionales de vacaciones según la antigüedad, como exige el artículo 35 del Estatuto del Periodista Profesional?
Los objetivos que Clarín confiesa perseguir con “la integración de redacciones" responden por si mismos a estos interrogantes. La "búsqueda de una mayor productividad" está escrito antes que cualquier otra divagación, o sea que se trata de hacer más con menos costos y punto.

¿Y el convenio?
Se busca imponer “perfiles multimedia”, pero el convenio colectivo de trabajo 301/75 que rige nuestra actividad no describe esa clase de “perfiles”, sino categorías cuyas exigencias están enumeradas taxativamente para defensa del trabajador.
No hay “periodistas multimedia” ni en el Estatuto del Periodista Profesional ni en el convenio, por lo que Clarín pone en letras de molde que piensa, una vez más, ignorarlos.
La polivalencia es una amenaza para diversos oficios como el de fotógrafo, diseñador, archivero, camarógrafo y locutor, y supondrá una brutal intensificación de los ritmos de trabajo para los que sobrevivan a la “sinergia”.
La “productividad” es incompatible con la calificación laboral. Clarín no tiene ninguna intención de aplicar la tecnología para que el periodista disponga de más tiempo para elaborar sus notas, profundizar en los temas.
El mismo periodista hará múltiples tareas, mientras que la misma nota se reproducirá, por obra de un solo redactor, en los distintos canales y soportes que el holding disponga. Por fin, entonces, tendrá sentido la asistencia ritual y desganada de los directivos de Clarín a la tumba donde, en cada aniversario de su muerte, se le rinde homenaje a Don Roberto Noble, fundador del diario y autor de la “Ley de Propiedad Intelectual y Artística”. Qué mejor marco para dar el último responso a los derechos de autor de los trabajadores del multimedios más grande de la Argentina.

¿Qué integración?
Al leer el trabajo circulado por la dirección del diario se percibe que no se piensa de ningún modo en una integración entre "dos redacciones" sino en la subsunción lisa y llana de la redacción del diario de papel a los ritmos, procesos y formas de trabajo de los "ciberperiodistas" en la web.
Se trata, básicamente, de someter el proceso de trabajo y a los trabajadores del diario en papel a un régimen típico de las “punto.com” periodísticas o de “contenidos”. No por casualidad estas hicieron punta de lanza con todo el menú flexibilizador utilizable en una redacción. Y aún así se fueron a los caños, con un tendal de despidos, cuando explotó la burbuja de las “punto.com”.
Las redacciones periodísticas de los sitios de Internet llegaron al gremio chorreando polivalencia y poli funcionalidad. Ese fue el banco de pruebas de “yo escribo, tomo fotos, diagramo, corto audio y videos y cargo datos como “data entry”.
Fueron redacciones que nacieron bajo el reinado del horario sin límite, la ausencia de organización sindical, y por lo tanto del desconocimiento patronal del convenio. Los compañeros que eran conchabados en las "punto.com" fueron encuadrados en mercantiles o cualquier otro, ninguno en prensa.
Cuando la Utpba se apareció por primera vez en una redacción punto.com puso la misma cara que Neil Armstrong en el alunizaje: “Para nosotros Internet es una novedad”, dijo un dirigente ante una asamblea de Ciudad Internet. Era fines de 2000…
Los directivos de la Utpba nunca se enteraron de que las patronales hacían experimentos de todo tipo con las “novedosas” formas de producción. Es lógico: la última vez que trabajaron había teletipos y máquinas de escribir. Llevaban años perorando sobre revoluciones a miles de kilómetros, mientras las empresas le daban vuelta la taba a pocas cuadras de la sede sindical.
La directiva de nuestro sindicato mantiene al gremio sin paritarias ni discusión convencional desde que asumió. El argumento en los 90 era que la “correlación de fuerzas desfavorable” entrañaba el riesgo de canjear aumentos salariales magros por derechos y conquistas fundamentales. Ahora no hay ni argumentos, tampoco paritarias.
Las empresas chochas: nunca dieron un aumento general y “actualizaron” de hecho el convenio al compás de los cambios tecnológicos y las “necesidades del mercado”.
El proceso que se avecina, no sólo para Clarín sino para el gremio en su conjunto, fue largamente preparado en la periferia de las redacciones tradicionales. Luego que tomó su forma se fue arrimando, ahora se pretende que invada el resto del ya flexibilizado y salarialmente golpeado gremio de prensa.
No se trata de predecir el futuro: los diarios del “viejo papel” también fueron sometidos a un proceso de cambio tecnológico. El resultado es inapelable: jornadas de trabajo más extensas y peor pagas, deterioro de los productos editoriales y creciente insatisfacción del trabajador con lo que hace.
Y así como las transformaciones en el proceso de trabajo del papel ofrecen su propia historia como espejo del futuro, las “punto.com” periodísticas también tienen la suya.
La organización del trabajo en los sitios de contenidos de Internet sufrió un cambio drástico cuando se generalizaron los sistemas de publicación automática.
Antes producir una nota era una tarea casi artesanal, donde el artículo se concebía como un sitio web en sí mismo para cuya confección convergían programadores, diseñadores y periodistas. Ahora se utiliza un procedimiento harto simple, con plantillas de diseño pretederminado donde lo único que hay que hacer es cargar en cada campo título, volanta, copete, texto y foto.
La simplificación no liberó, una vez más, tiempo de trabajo al periodista para profundizar su tarea ni, menos, para acortar su jornada laboral. Se usa para eliminar puestos de trabajo y sumar actividades inéditas al propio redactor, que al terminar de escribir su nota también “la carga en el sistema”.
“Total es un minuto….”, es la muletilla que conduce a la multiplicación interminable de tareas que, claro, todas duran un minuto.

El periodismo y los lectores como excusa
El documento que circula por Clarín cita los casos de “integración en grandes diarios del mundo” y aunque abruma con la documentación y los antecedentes, omite incluir el estudio pionero y más conocido sobre este tema que circula por Internet hace años: “Los periodistas «para todo» del Chicago Tribune”, de Eric Klinenberg, investigador en la Universidad de California.
“Un periodista puede escribir un artículo para la edición de tarde, aparecer en la pantalla para tratar el mismo acontecimiento y dar consistencia a la información con los especialistas de Internet, sugiriéndoles relaciones con otros sitios o acontecimientos. Estas prácticas mantienen los costos en un nivel bajo y aumentan el rendimiento del proceso de producción. Pero absorben una parte del tiempo que los periodistas consagraban a sus investigaciones, al reclamar de ellos a la vez nuevas aptitudes profesionales…”, sostiene el autor.
Clarín usa la excusa de una "nueva manera de hacer periodismo". Sin embargo una renovación de la práctica profesional de los trabajadores de prensa es imposible con la imbricación de intereses subalternos que envuelve al régimen de propiedad de medios en la Argentina.
Las "nuevas formas de hacer periodismo" se estrellan contra esta realidad, por lo que claramente no se trata aquí de eso.
Como todo delincuente necesita una coartada, Clarín se esconde en los lectores. Todo es por lo que “piden los lectores”, a los que sin embargo ignora olímpicamente cuando se trata manipular información y ocultar la realidad en virtud de los grandes acuerdos del pulpo con cada gobierno de turno, sea este civil, militar, neoliberal o nacionalista.
Para aprovechar el enorme potencial periodístico de la web se necesitan formas cooperativas de trabajo entre los diversos oficios que integran las redacciones, libertad de expresión y una organización que imponga el respeto por los derechos y las reivindicaciones de los trabajadores.
Los trabajadores de Clarín, como de todo el gremio, necesitan delegados que se rijan por los mandatos de sus compañeros y, eventualmente, paritarios electos en asamblea para discutir salarios y condiciones de trabajo en un cuadro donde el vértigo de las transformaciones tecnológicas abre la puerta para más flexibilidad laboral.
A las nuevas condiciones de la convergencia hay que oponerle el reclamo de acortar la jornada de trabajo.
El encuentro entre el periodismo, Internet y las nuevas tecnologías es un acontecimiento revolucionario. La subutilización a la que lo somete el lucro y la estrechez creativa sólo permite que veamos la punta del iceberg.

Leonardo Villafañe
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