Del chupamedismo K a la defensa de la triple A

Vie 28 Sep 2012

En el último programa de 678 Orlando Barone, para justificar la decisión de Cristina Kirchner de no realizar reuniones con los medios, reivindicó el ataque de Perón en 1974 a la periodista Ana Guzzetti –realizada en el marco de una conferencia de prensa- que tuvo como consecuencia que, poco después, ella fuera secuestrada y torturada brutalmente.

Fue en un momento en el que las bandas parapoliciales y las patotas organizadas por López Rega, secretario de Perón, amparadas por el aparato del estado y el propio Perón, ponían bombas a diestra y siniestra en los locales partidarios de izquierda y asesinaban a militantes políticos y populares.

Ana, que trabajaba para el diario El Mundo le preguntó a Perón que iba a hacer el gobierno para parar los ataques de esos grupos, que habían recrudecido,  a lo que el general le respondió que debía hacerse cargo de sus palabras, la acusó de ultraizquierdista y llamó a su edecán para que le tomara los datos a la compañera para iniciarle un juicio penal.

Barone, en una muestra de hasta dónde están llegando los escribas oficialistas, dijo que la actitud de Ana Guzzetti había sido “una provocación”, que había hecho una pregunta “irresponsable” y por eso Perón había tenido razón al actuar como lo hizo. Es decir en habilitar que la secuestraran y torturaran.

Cuando Gabriela Cerruti, invitada en el programa le recordó cuales habían sido las consecuencias sobre la compañera, Barone y todo el equipo de escribas fueron al corte y en 678 no se volvió a hablar más del tema.

El nivel de brutalidad de lo sucedido tiene una trascendencia que va más allá del propio hecho. 678 es la ley de medios K. Es el copamiento de los medios por parte del gobierno para “homogeneizar  el relato”.

Para que no aparezcan más a la luz pública las porquerías de Monsanto y la defensa que hace el gobierno de esta empresa. Para que no aparezcan más las denuncias de la minería contaminante y destructora de la vida y el ambiente natural.

Que no aparezcan más tampoco las represiones a los movimientos populares, como sucedió hace pocos días con el ataque de Sergio “el Malevo” Berni a los compañeros que cortaban la Panamericana y los detuvo en Campo de Mayo, y que fuera ocultado por la mayoría de los medios oficialistas.

Y también para que desaparezcan las denuncias a José Pedraza –el instigador del asesinato de Mariano Ferreira y gran amigo de Tomada y Rial- y a Gerardo “601” Martínez, que sigue siendo alabado por la presidenta aún después de que se descubriera que formó parte de los servicios de inteligencia de la dictadura.

Que todo “el relato” sea el de un “mundo feliz” y de las Ana Guzzetti que se animen a disentir, a hacer “preguntas incómodas” o de quienes protesten, reclamen o luchen por sus derechos, Berni se ocupará con la Policía, la Gendarmería o las patotas. Y los Barone aplaudirán.

Los trabajadores de prensa y el conjunto de los trabajadores del país no tenemos nada que ver con esta porquería.

La formación de la Korpo oficialista no es una salida frente a los monopolios opositores sino más bien la concentración de la información en manos de un gobierno que defiende los intereses capitalistas, de la burocracia estatal y de las patotas.

Ni el monopolio privado ni el monopolio estatal de los medios.

Ni la Noble y Magneto ni Cristobal López o Vila-Manzano.

Ni los Saguier y los Mitre ni Szpolski y Olmos.

Ni los escribas Kirchbaum o Morales Solá ni los Barone o las Sandra Russo.

Frente a la Corpo y la Korpo, la salida es que los medios pasen a manos de los trabajadores y que se abran a todas las organizaciones populares.

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