El coqueteo entre el Gobierno y la Iglesia en un momento clave

Mié 4 Sep 2013

Para los medios K, los jueces de la Corte Suprema ya tienen en la cabeza la sentencia que van a anunciar respecto de la constitucionalidad de cuatro artículos de la ley de Medios, y ésta sería “no favorable”. A tal punto sería así que Tiempo Argentino llamó la atención con suspicacia acerca de la “deserción” de dos de los supremos durante la primera audiencia de exposiciones realizada el pasado 28 de agosto.

Las audiencias se dan en un contexto en el que la Iglesia Católica le dio un respaldo político a la vapuleada ley (ya lo había hecho al momento de su sanción). Según se informa en la página Web de la AFSCA, su titular, Martín Sabbatella, recibió al arzobispo de Luján-Mercedes y presidente de la Comisión de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Argentina, Agustín Radrizzani. En la reunión, el monseñor no se anduvo con vueltas, saludó fervorosamente la ley de medios K aunque la declaración no fue gratuita: Radrizzani expresó que considera de máxima importancia “que se garantice una participación plural de los ciudadanos y se evite cualquier manipulación de la información para beneficio de unos pocos”. Asimismo, señaló: “Consideramos que es fundamental que en todo momento sean respetados los valores de nuestro ser nacional y de nuestras raíces cristianas así como la libertad de expresión, especialmente de los más pobres, y del acceso a la información de todos los ciudadanos”.

Por su parte, Sabbatella explicó que “todos valoramos el compromiso de la Iglesia con la libertad de expresión, la pluralidad y la diversidad de voces”. Y cerró: “Tenemos el desafío de seguir trabajando juntos (gobierno e Iglesia) para democratizar la palabra y garantizar el derecho a que todos puedan expresarse”.

Desde que rompió con Clarín, el gobierno no ha variado su método de lucha contra la Corpo. Forjó una ley con la que cubrir legalmente el amparo a pulpos menores de la comunicación, la consolidación de Telefónica como gran monopolio de la telefonía y el otorgamiento de licencias de televisión a la burocracia sindical. Y en el regateo con la Iglesia, recibió la bendición eclesiástica a cambio de dejarle el terreno libre para que demuestre su “compromiso” con la “democratización de la palabra” en sus cientos de señales de radios y TV que, diseminadas por todo el país, predican exactamente lo contrario.

La contracara de estas asociaciones es el descascaramiento de la pátina progresista con la que el kirchnerismo quiso embellecer su ley. Miles de radios y canales de TV comunitarios, alternativos y populares no acceden al prometido “tercio” del espectro, cuyos pliegos tienen costos inaccesibles.

La única manera de establecer la “pluralidad de voces” es por medio de la intervención y organización independiente de los trabajadores de prensa y de la cultura en general. La asociación con el Vaticano refuerza el monopolio de la reacción más recalcitrante.

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