Por la conquista del derecho a la comunicación

Lun 21 Dic 2015

El DNU de Mauricio Macri que pasa el AFSCA y AFTIC a la órbita de un flamante Ministerio de Comunicaciones, a cargo del derechista Oscar Aguad, pero sobre todo las declaraciones de este funcionario en el sentido de que “la regulación de Ley de Medios no va a subsistir durante nuestro Gobierno” (La Nación, 12/12), traza la línea gruesa de la política comunicacional del macrismo: "Los medios van a competir libremente en el mercado y trataremos de ayudar a los más pequeños". Traducido: van por un nuevo reparto capitalista del mercado audiovisual y de las telefonías. Se pasaría de la intervención del Estado a la supuesta mano invisible del Mercado. Por eso, antes como ahora, y más rápida que las redes que promociona, Telefónica ya presentó su nuevo pliego: “se podría mejorar mucho”, dijo un ejecutivo de la multinacional (El Cronista, 16/12), en referencia de la ley Argentina Digital, aprobada a fin del año pasado, más conocida como la ley de las telefónicas porque las habilita para el fenomenal negocio del triple play.

El giro capitalista de Macri no debe hacernos perder de vista que la ley de SCA fue un enorme simulacro. Porque nada cambió en el llamado ecosistema de medios. Nada cambió en un sentido democratizador de la palabra, de expresión de las corrientes políticas, de libertad de opinión. La demostración más sencilla de esta tesis es la siguiente: basta un DNU para hacer temblar y hasta derrumbar toda la andadura (más declamada que efectiva) de la Ley. Y eso porque la estructura económica del sistema de medios, seis años después, exhibe idéntica concentración, la presencia de los mismos grupos corporativos y hasta de un mayor grado de extranjerización si consideramos no solo las presencias de las telefónicas en el sector sino también del buitre de David Martínez (dueño del 40% de las acciones de Cablevisión) o del otro empresario mejicano dueño de canal 9, Remigio Angel González. Salvo que se quiera consignar como parte de la batalla por la pluralidad de voces el desembarco del empresario del juego, Cristóbal López, la expansión del grupo Veintitrés o la creación del canal digital de la patota de la UOCRA. Suponemos que no. Tampoco parece calificar como “polífonía de voces” el puñado de licencias aprobadas bajo el nuevo marco regulatorio: unos 300 medios, de los cuales la mitad corresponde al sector estatal.

Entonces, ¿de qué habla Martín Sabbatella, ahora en la autodefensa revolucionaria de su cargo, cuando dice que en canal 7 “se escucharon todas las voces”? ¿O a qué se refiere cuando denuncia a Aguad –con justicia- por su “complicidad de las corporaciones mediáticas", siendo que él fue el mejor abogado defensor de la multinacional Telefónica a la hora de justificar el plan de adecuación de Telefé? ¿No es todo una gran impostura?

Y desde otro lado, ¿qué significa defender la ley? ¿Su “espíritu” democrático? ¿La efectiva consolidación de un mercado concentrado y extranjerizado? ¿A qué defensa nos convocan? ¿Incluyen a la ley Argentina Digital? ¿De qué conquistas hablan? ¿Y quiénes pretenden encabezar la lucha de qué: los que dijeron nada cuando se invisibilizaba el conflicto social y popular durante toda la década? ¿No pretenden llevarnos a otra estafa?

Repudiemos las declaraciones del “milico” Aguad. Denunciemos los crecientes intentos de cierres, ajustes y despidos en los medios gráficos y audiovisuales. Como dice la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA), la comunicación no debe ser rehén de ningún gobierno. Ni antes ni ahora. Solo desde una organización “independiente del Estado, de sus instituciones y de los poderes políticos y económicos” vamos a preparar el camino para conquistar el derecho a la comunicación para los trabajadores y el pueblo.

Santiago Gándara

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