Timerman vs. Clarín: se pelean el muerto y el degollado

Sáb 17 Abr 2010

El sábado 28 de marzo el Gobierno y el Grupo Clarín llevaron su enfrentamiento por el reparto del negocio mediático argentino a las páginas del matutino de Ernestina de Noble. En hojas enfrentadas, con gran destaque, el diario editó al embajador en EE.UU., Héctor Timerman y al monopolio, en dos artículos que tienen en común la curiosidad de que lo más importante es lo que ocultan antes que lo que dicen.
Clarín había revelado que Timerman dirigió un diario de existencia fugaz, llamado La Tarde, de claras posiciones pro dictatoriales. En su respuesta, el funcionario kirchnerista, que se reconoce como pro dictatorial “arrepentido” hasta que “fracasó” su “proyecto editorial”, increíblemente no dice que Clarín también apoyó a la dictadura, y llegó hasta el día de hoy sin ningún tipo de arrepentimiento. Cómo va a hacer tal cosa, si ese apoyo le brindó negocios fabulosos.
Al día siguiente del golpe, por ejemplo, el diario de los Noble titulaba: “Buenos Aires, caja de resonancia de la vida del país, presentó ayer una imagen de normalidad”.
Pero Timerman despacha todo el prontuario de Clarín en la dictadura con un sumario encubrimiento: lo acusa de que “repite los errores de la prensa de aquellos años con el agravante de ya haber vivido aquella pesadilla”. ¿Errores? ¿Qué pesadilla vivió Clarín?
El “gran diario” le da aire al debate con Timerman porque el funcionario lo blanquea. Los límites de su crítica están determinados por su pertenencia a un gobierno cuyo elenco fundamental nunca se opuso a la dictadura y acompañó todas las políticas de impunidad de los gobiernos que le sucedieron. Un gobierno que paga la deuda externa que benefició a los grupos que sostuvieron la dictadura y que, mientras tarda años en juzgar a un puñado de gerontes próximos a la muerte, coloca bandas armadas para tratar de evitar que Memoria, Verdad y Justicia pueda llegar con su movilización a Plaza de Mayo, como ocurrió el pasado 24 de marzo.
También lo inhibe su propia historia: La Tarde cerró con un “fracaso rotundo”, parece lamentarse Timerman, pero omite decir que La Opinión, de él y su familia, siguió abierto y pro dictatorial un buen tiempo más.
El encubrimiento se extiende al presente: en su artículo Timerman discute con “los periodistas de Clarín”. Ni lerda ni perezosa, la patronal recoge el guante y hace firmar su respuesta por “la Redacción de Clarín”.
Los Noble, los Magnetto y, claro, los Kirschbaum y los Roa no dan la cara y en una práctica feudal violentan la opinión de la mayoría de sus trabajadores, que nada tienen que ver con la desesperada pelea del monopolio por la mantención de sus negocios y prebendas.
La verdadera voz de los trabajadores –de la redacción y de todo el diario- sería la de su representación gremial, cuya elección es combatida por la patronal. No de casualidad, es uno de los aspectos de la crítica de Timerman (impedir la libertad sindical) que los Noble-Magnetto no contestan.
La organización sindical de los trabajadores de Clarín sería un arma fundamental para evitar la perfidia de que Ernestina de Noble evite dar la cara en la respuesta a la acusación de “ser cómplice de la dictadura” por tratar de evitar que identifiquen a sus hijos adoptados ilegalmente y ensucie a centenares de trabajadores de Clarín haciéndolos responsables de la contestación
Los trabajadores de Clarín no forman parte de esta pelea por el control, no popular sino empresario del negocio de los medios. Su voz no es la del gobierno K, amigo de Clarín hasta que sus intereses se enfrentaron y lo cambió por otros monopolios, ni es la de la negrera patronal de los Noble-Magnetto.
Tienen el derecho y la necesidad de tener su propia voz. Y de organizarse en defensa de sus intereses. Esto supone tener delegados elegidos libremente por los trabajadores del diario.

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